▶️La sociedad que nos odia (II): La isla de Jeffrey Epstin✔️


LA SOCIEDAD QUE NOS ODIA (II): LA ISLA DE JEFFREY EPSTEIN

Amistad y piedad sean las leyes
para todos, ¡menos para los reyes!
SÁNDOR PETÖFI


POETA HUNGARO

(09/09/2020)

Dos lugares comunes históricos premeditan estas letras, a saber: uno es el referido a los primeros indicios de la caída de los imperios a signos de orden moral y el otro dice del apodo del emperador romano Cayo Julio César Augusto Germánico (Calígula), originado en su adolescencia cuando acompañaba al prestigioso general Germánico (su padre) a los teatros de operaciones militares y allí los soldados le endilgaron este remoquete, debido al uso dado por el joven a la connotada sandalia romana (caliga), también llevada por los legionarios.

No pocos historiadores e investigadores coinciden en aseverar que imperios de la antigüedad como el de Roma, asomaron su deterioro y posterior acabose, cuando en los altos alféizares del poder, comenzaron a sucederse hechos atroces que fueron afectando las relaciones sociales, resquebrajando las formalidades forjadas en los pactos entre las castas oligárquicas y los sectores políticos, descoyuntando los estados de la producción y la economía.

MALCOM MC DOWELL ACTOR INGLES

El emperador Calígula, quien gobernó el imperio romano entre los años 37 y 41 D. C., es tal vez esa señal de alarma colocada como tela de juicio de un régimen que había tomado de la República la herencia y patrimonio del derecho y la jurisprudencia (que aún en el siglo XXI continúa dictando pautas a las sociedades) el prestigio de sus generales y campañas militares y la leyenda de sus tribunos parlamentarios. Su antecesor y tío Tiberio, se había entregado a la exacerbación de la opulenta vida de las clases dominantes, basada en el hedonismo producido por el ocio embrutecedor, la desmedida ambición de poder y el total alejamiento de las relaciones humanas entre sus mismas clases. Esto lo había convertido en un gobernante tiránico, de actitudes personales sádicas, tendientes al nihilismo orgiástico, la perversión y la necrofilia. Al morir asesinado, siendo un anciano, su tarea corrupta y degradante en las relaciones del gobierno, estaba avanzada como una metástasis.

Los antecedentes de promiscuidad e incesto desarrollados en la infancia y adolescencia de Calígula pudieran explicar cómo, al suceder a su tío, encaja firmemente en la continuidad gobernante, acentuando la crisis moral del gobierno y del imperio. Además de acceder al trono en medio de intrigas asesinas entre familiares que ya eran característica de los imperios europeos, Calígula promueve y protagoniza prácticas sociales en las cuales la orgía perversa, el crimen, la degradación humana, la corrupción personal, crean una careta bufónica, tras la cual se ocultaba el rostro de un modelo agobiado por una crisis económica irreversible, debido al paulatino agotamiento del régimen esclavista. Desde el asesinato de Calígula, tardaría cuatro siglos en derrumbarse el imperio romano. No pocas mentes preocupadas por el provenir alertaron la crisis. El puñal de la rebelión del esclavo Espartaco (73-71 A. C.) que jamás se pudo sacar del corazón económico y moral el imperio romano y la sandalia de Calígula aplastada por la perversión, el hedonismo y las conspiraciones, anticiparon su declinar.

EL GERENTE PERFECTO PARA EL FIN DEL CAPITALISMO 

Cuando en el año 2020 la mayoría de portales digitales refieren al ciudadano estadounidense Jeffrey Epstein, lo hacen con sorpresa hasta el asombro, por alguien (casi anónimo) multimillonario de la noche a la mañana, cuya fortuna la hizo en un ¡tris!, debido a su dedicación al tráfico de niñas y adolescentes, motivo por el cual murió en circunstancias extrañas en una cárcel mientras esperaba a ser juzgado por segunda vez, demandado por someterlas a sus exóticos gustos libidinosos en una isla paradisíaca. Esta sinopsis se encuentra en la mente de la mayoría de las personas y seguramente ya encabeza el guión de alguna futura producción hollywoodense.

Pues resulta que Jeffrey Epstein fue un importante gerente ejecutivo de empresas mundiales hecho y derecho como un empresario en la rama financiera e inmobiliaria al trepar a las más altas esferas del capitalismo, haciendo carrera desde mediados de la década de los años ochenta del siglo XX hasta entrado el siglo XXI. Este sujeto logró comprender los hilos de influencia del poder capitalista desde la asesoría y consultoría a grupos económicos, compañías financieras, truts internacionales, gobiernos y reinados; consiguió relacionarse con personeros del más rancio abolengo mundial porque se hizo experto y activó todos los mecanismos de interacción financiera logrando insertarse en la banca internacional, los organismos multilaterales, los más poderosos oligopolios financieros, los gobiernos que afectan y deciden los destinos del mundo; se colocó en el tráfico de cuanta cosa podamos imaginar para influir, manipular, decidir. Se hizo socio de reyes, príncipes, primeros ministros, políticos de partidos poderosos a los que financió en campañas electorales, atizando sus aparentes rivalidades.

Como es de suponer, Epstein dedicó un discreto porcentaje de este jugoso y gigantesco movimiento mercantil a financiar proyectos con fines científicos, académicos, artísticos. Se hizo portada de lujosas revistas e invitado y participante del llamado jet-set internacional. Fue individuo de número en las listas de los hombres más acaudalados del mundo en perfiles editoriales de publicaciones oligopólicas. Sus aviones personales registran en las últimas dos décadas, innumerables vuelos anuales en esta tarea de mover los hilos del poder capitalista, en los cuales viajaron poderosos hombres de negocios, funcionarios gubernamentales. presidentes de países, aquilatados políticos y hasta miembros de familias monárquicas. Fue un poderoso agente gerencial al servicio de los movimientos económicos y placeres del capitalismo mundial. ¿Por qué cayó su poderío?

LA MAMPARA LA CARETA Y EL SEÑUELO

No es difícil acertar en que Jeffrey Epstein era un avieso especulador de capitales. Se movía en la dinámica donde los dineros van y vienen en los grandes bancos; curucuteaba los chanchullos y tramposerías de los oligopolios; se hizo experto en los secretos de las compañías de maletín, produciendo ganancias desde las bolsas de valores y las inversiones fantasmas a sus cuentas personales. No es nada casual que, desde su consolidación a comienzos del siglo XXI, haya instalado su opulenta letrina en la ciudad Nueva York y en el paraíso fiscal de algunas islas del caribe dominadas por EEUU y gobiernos de países europeos, comprando a Saint James, y siendo activo conocedor e impulsor de cuanto papel turbio pasara por esas aguas.

Una opinión común y baladí respecto a los gustos estrafalarios de los burgueses, ubica su lógica únicamente en los excesos de dinero y tiempo para dedicarse a materializar los sadomasoquismos de la mente. Sin embargo, esta dimensión hedonista nunca ha estado fragmentada del interés global del poder. Cada perversión, sadismo, nihilismo de un oligarca está finamente ligada a su integral poder económico. Ninguna veleidad burguesa deja de tener la fuerte tendencia a estar controlada por el sistema que la engendra, en este caso, el capitalismo. Y aunque se trata de un sistema basado en la división social del trabajo que promueve el individualismo en las sociedades, basa su poder en un inimaginable, selecto y discrecional tejido de relaciones personales cuyas contradicciones, a sabiendas que siempre se resolverán a cuchillo, son capaces de coordinar consensos para sus beneficios. De allí que un tipo como Epstein, a quien los medios mundiales ahora proyectan como un solitario genio de las finanzas que cometió un error, nunca actuó solo. Habiendo producido mucho poder fue, en esencia, el producto del poder capitalista y sus redes de control de ese libertinaje que lo engendró.

En este ambiente de libertinaje dinerario, Epstein encuentra un motivo de inversión significativo para sus negocios, cuando arma un servicio para el placer turístico y sexual a magnates de la economía y la política, de allí su dedicación al tráfico de adolescentes al lado de su socia Gishlaine Maxwell. Dos décadas en esta actividad criminal le granjean una relación especial con sus amigos poderosos, ya que este mercantilismo delinea perfiles orgiásticos e inmorales. Según las denuncias reveladas, la actividad de Epstein y su socia, extendida a la trata de adolescentes, lo describen como un pedófilo, obseso sexual, corruptor de personas en situación de vulnerabilidad. Por esto se le lleva a juicio y se le condena en una primera instancia.

Sin desestimar lo criminal que puede haber en actividades como las inculpadas a Epstein, pensamos que éstas han existido siempre y existen en diversos escenarios de la sociedad mundial, sobre todo a los niveles del poder, donde los mecanismos de justicia se hacen de la vista gorda. Territorios encubiertos como la Isla que compró en Saint James, para el tráfico humano y de influencias, el poder y el dinero, los servicios de prostitución, campean en las sociedades del capitalismo. Este emprendimiento de Epstein para bridarle complacencia sexual a sus amigos opulentos, pareciera encubrir la existencia de algo mucho más complejo. Detrás de estas acusaciones que en algunos sitos de información digital registran como posibles de resolver bajo mutuo y discrecional acuerdo, hay el ocultamiento de tentáculos más intrincados que las demandas producidas por un puñado de muchachas infelices, cuya notoriedad se debe al impulso del mismo pulpo poderoso que las manipuló. En este caso, es útil pensar que delincuentes de mucha menor monta que este gerente de lujo, con abogados menos acreditados, han salido solventes de situaciones similares. Amén de que este tipo de denuncias son tratadas con menosprecio por los mecanismos de justicia de muchos países y los Estados Unidos (EEUU) no son la excepción. ¿Por qué la trágica notoriedad del caso y la matriz de opinión se enfatizan sólo en la depredación sexual de Epstein?

LA ISLA DE LA FANTASIA

Recordemos el año 1977 cuando se estrena la conocida serie de televisión de EEUU, con proyección mundial, La Isla de la Fantasía. El señor Roarke (Ricardo Montalbán) ordenaba a su sirviente Tatoo (Hervé Villechaize) las condiciones de estadía, a saber: pagar cincuenta mil dólares, cumplir plenamente su fantasía sin importar su índole y no revelar nunca a nadie acerca del lugar donde estuvieron. Los visitantes llegaban en un avión y Tatoo gritaba varias veces como un tonto: ¡El avión! y hacía sonar una campana. Hoy que sabemos del emprendimiento de Jeffrey Epstein, es difícil no recordar esta recurrente escena principal de la serie, al leer los testimonios de los lugareños de Islas Vírgenes (territorio de EEUU) quienes por años vieron aterrizar su avión del cual se bajaban hombres muy importantes y chicas muy jóvenes. Isla de la Pedofilia -la llama hoy la mediática mundial en las redes.

Hoy que se quiere demonizar este sitio, seguramente con la finalidad de centrar la atención en los hechos (sin duda abominables) de corrupción de adolescentes y proxenetismo, es importante ahondar la mirada hacia objetivos más próximos a las actividades mercantiles y dinerarias de Epstein. ¿Por qué un gerente que ya ha alcanzado influencia social mundial se hace cara visible de un negocio trivial y mundano? ¿Por qué sus mentores lo colocaron en este centro de vicios y bandidaje?

Más que un lugar de liviandades y placeres exóticos, la Isla de Epstein tiene todo el perfil de ser un centro de control de activos dinerarios pertenecientes a un sector del capitalismo mundial. Sin embargo, este control no es solamente económico, ya que posee las características de ser un sitio para el espionaje, la extorsión y el chantaje; acciones tradicionalmente vinculadas a la corrupción por prostitución. Esto parece demostrarlo el costoso y avanzado aparataje tecnológico albergado en el lugar que abunda en equipos audiovisuales de distinta eficiencia, alcance y vínculos con las más altas tecnologías. Por esto no es nada asombroso el ascenso social y económico experimentado por Epstein en apenas diez años que lo colocó al lado de los hombres más poderosos del mundo. 

Caben las siguientes preguntas: ¿Cuántas de las empresas compradas por su inusitado capital cayeron en la red de extorsión y chantaje de un Epstein, avieso conocedor de los intríngulis dinerarios y sus trampas? ¿Cuántos de los políticos que retiraron sus candidaturas, de los inversionistas quebrados a puerta de bolsa de valores, de los funcionarios de gobierno obligados a dimitir de sus cargos para dar paso a favoritos, no estaban en el entramado agenciado por este filibustero? Entonces, la tecnología actual trajo a los agentes de los poderosos, una significativa posibilidad de espiarse y chantajearse que ya no necesita echar mano de reporteros gráficos free lance, ni de incómodos paparazzis para conseguir rubricas culposas, como fue el caso del senador demócrata Gary Hart, quien se vio obligado a declinar su precandidatura a la presidencia de los EEUU en 1988, cuando fue fotografiado en un yate con una modelo. 

En la Isla de Epstein se realizaron eventos de corte científico, académico y cultural, haciendo presentes a personas atraídas por su fama de benefactor, financista y filántropo. Este lavado de rostro permanente era necesario para encubrir las redes tecnológicas habilitadas y así mantener en conexión segura la corrupción capitalista que no duerme. En sitios como éste, detrás del tráfico de adolescentes (careta necesaria), se investiga, conoce, aprende e informa acerca del ilícito capitalista y su forma subrepticia de funcionar. Mansiones como ésta demuestran cómo la corrupción pertenece a la propia naturaleza del capitalismo. Sin la corrupción de todo tipo, el capitalismo no es posible y viceversa.

¿DONDE ESTA EL BORRON?

El día 21 de julio de 2020, un sujeto vestido con uniforme de compañía privada, irrumpió en la residencia de la jueza Esther Salas y disparó a muerte contra su hijo, hiriendo gravemente a su esposo. Esta jurista había sido encargada por una instancia federal de investigar los móviles económicos en el caso Jeffrey Epstein. Semanas después se identifica al presunto victimario porque apareció muerto en las adyacencias de la escena del crimen, supuestamente por su propia mano. El perfil del sujeto, ofrecido por páginas digitales en las redes, es el de un frustrado abogado con problemas mentales que quería vengar a no sé quién, de no se sabe qué cosa. Atentados contra Lee Harvie Oswald (el supuesto asesino de John F. Kennedy) y el músico Jhon Lennon son inmediatamente evocados con este extraño incidente porque, aquel mafioso Jack Rubi asesino de Oswald, estaba médicamente diagnosticado de metástasis, por lo que murió a los pocos meses en la cárcel, antes de presentarse a juicio. En el caso de Mark Chapman, asesino del Beatles, se habla de un fanático frustrado, medio loco, fracasado, introvertido, que obró a motu propio. Años de capitalismo nos han acostumbrado a este tipo de montajes, habidos en tierras de su cancerbero por excelencia EEUU. El objetivo de estas tramoyas parece ser tergiversar las investigaciones, arrinconar la conciencia, echar un pote de humo a la memoria y cancelar todo tipo de investigación. El guión en esta parte del caso Epstein, aunque perverso, parece sencillo: colocaron de juez a una mujer de origen latino, detalles personales que, a la hora de un perjuicio, causarían insignificancia e indiferencia en la manipulada opinión pública estadounidense (se espera que la mayoría diga: “¡Fue una Latina! ¡Y mujer! ¡Qué importa!”) además, la promoción del aparente suicidio del victimario causaría impotencia y frustración por la recurrencia de estas escenas en tramas de este tipo a través de los años, armadas en los cenagosos hilos mediáticos gringos.

A la jueza Esther Salas se le estaba encargando averiguar el verdadero meollo del asunto: los productores de dólares implicados, aunque su actuación ya parece conducir a un epílogo. Un lógico sufrimiento personal estaría siendo la causa obvia de su abstención. Todo apunta al consabido borrón y cuenta nueva; la cuenta ya la llevamos y algún día los pueblos la vamos a cobrar ¿cuál es el borrón? Se quiere borrar la cada vez más horrenda debilidad de las relaciones económicas habidas en el capitalismo: sus contradicciones en una macroeconomía, ya derrumbándose por su propio peso y sólo sostenidas por relaciones mafiosas, estamentos forajidos, lógicas al margen de todo estado de derecho nacional e internacional; también borrar la ilegalidad de todas sus acciones mercantiles nacionales e internacionales, amparadas en ilícitos jurídicos, chantajes, sobornos; borrar las agresiones e intervenciones en países como Cuba (sometido a un genocida bloqueo económico mantenido por más de medio siglo), como Venezuela (agredida por una guerra frontal y permanente, cuyo bloqueo genocida pretende acabar con su legítimo gobierno y Estado de Derecho), como Palestina (a través del exterminio de su población perpetrado día a día por el forajido gobierno de Israel), como Yemen (sometido a la hambruna por una pandilla de emires asesinos, amamantados por el Departamento de Estado); son muestras evidentes del estado de expoliación al que someten a todos los pueblos de la Pacha Mama. Se quiere borrar una vez más, la intestina y creciente podredumbre del capitalismo de la que escribió el filósofo y sabio alemán Carlos Marx, como el germen de su propia destrucción: ¡y no se equivocó!

OJOS BIEN ABIERTOS


Ojos Bien Cerrados se llama la obra del estupendo cineasta estadounidense Stanley Kubrick, dejada a esa sociedad como último filme de advertencia a lo escondido bajo sus podridos cimientos. Un médico de la burguesía (Tom Cruise), de vida corriente y monótona, descubre por accidente una sociedad secreta de gente poderosa, donde se practican rituales orgiásticos y satánicos; allí la drogadicción y el tráfico de mujeres asoman como pústulas. Esta realidad asombrosa le conmueve hasta sacar de quicio su vida y la de su esposa (Nicole Kidman) quien también experimenta la crisis. El mensaje de Kubrick es claro. Bajo el piso de la sociedad de EEUU hay una podredumbre moral escondida de latente explosión.

Será siempre juzgado Jeffrey Epstein, sobre todo por sus delitos contra la niñez y la juventud porque de esta manera también perjudicó el porvenir humano. Empresas como su Isla del Capitalismo tienen nexos mundiales con escuelas de modelaje y concursos de belleza, los cuales deben ser prohibidos y alejados de los centros educativos y las comunidades y todos sus Jeffrey Epstein’s investigados, perseguidos y juzgados, en favor de establecer relaciones humanas e igualitarias con el ser femenino, la infancia y la adolescencia. Es urgente y permanente la creación de conciencia humana, planetaria, cósmica acerca de enfrentar y vencer al verdadero enemigo, al auténtico mal: el sistema capitalista. Sabemos que, no derrumbándose por sí sólo, hay la necesidad de trabajar incansable y colectivamente en el dimensionamiento y fortalecimiento de espacios diferentes en las sociedades. Cada paso dado, cada trabajo realizado en favor de esta conciencia, empuja al sistema capitalista a su final; hundimiento que está más cerca de lo que imaginamos.

Fuente: https://laguaridadeldruida.blogspot.com/2020/09/la-sociedad-que-nos-odia-ii-la-isla-de.html


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