EL VIEJO


Algunos adeptos creen que vive a la siniestra de Dios Padre; él mientras tanto está sentado a la mesa del pueblo más pobre sorbiendo un licor elevado. En el corazón de cada inglés, su influjo se encuentra como un puñal eterno y hace que la adoración a los reyes sea una apariencia callejera y momentánea. Los burgueses le agradecen su clarividencia y lo minucioso que fue al hablar del dinero, sin embargo, cuando observan los dos tomos obligados de El Capital en sus bibliotecas, sienten que sólo merecen la cárcel.

A partir del día en que murió, en los cuadernos de la juventud estudiosa del mundo (y para siempre) aparecen poemas dedicados a la clase obrera, inexplicablemente escritos; tal vez como marcalibros o como citas al margen o como claroscuros. Cada piedra política que le provoque lanzar a cualquier joven del mundo por las injusticias, llevará la tentación de sus pensamientos. Cuando una trabajadora le lleva una flor a su amante en un encuentro furtivo, es para simbolizar el gusto que le hubiese causado regalársela a él luego de una manifestación contra los patronos.


Hoy le gusta estar más en un jardín de infancia que en un simposio sobre el pensamiento de los últimos pensadores que han encontrado la razón por la cual el pensamiento de los últimos pensadores ha encontrado (o perdido) la razón. Durante el recreo revisa el libro de diario de las maestras para soliviantar las aprendiencias y su práctica educativa pueda ocasionar rebeldes en lo porvenir. También se hace pasar por niño para no perder la costumbre de jugar a la libertad.


Aunque no fue de su época, le gusta mirar la televisión para ocuparse de lo que ve la gente. Le divierten los programas de concurso, las películas de ciencia ficción, los maratones de baile, los partidos del fútbol alemán; se siente educado por los programas de cocina, la vida de los artistas de farándula, los musicales, la historia de pueblos antiguos; detesta la sección internacional de todos los noticieros, los programas culturales, los debates sobre vidas inteligentes en otros planetas, las disertaciones políticas, las comiquitas: pudiera considerar bueno algún documental sobre grandes artistas. Prefiere ver una película en el cine. No se siente comunicando por la tele y jamás verá una telenovela.


Considera al internet un nuevo barco de conocimientos pero no le gustaría zozobrar en él.


Los indígenas lo presienten, los niños lo saben, las mujeres lo desean, los jóvenes lo intuyen, los brujos lo invocan, los santeros le temen, los curas lo lloran: secretamente las abuelas le dedican el primer sorbo del café de la tarde.


Nunca haría un tercer volumen de El Capital aunque amase la imposibilidad de escribir un nuevo libro.


Fuente: https://laguaridadeldruida.blogspot.com/2018/05/el-viejo.html



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