MUHAMMAD ALI ZAIRE Y LA LUCHA CONTRA EL IMPERIALISMO


 
(23/04/2020)
Hace un par de años, quizás tres, un compañero de trabajo nos refería con cierta nostalgia, cómo llegó a ser fanático de una actividad tan brutal como el boxeo, motivo por el cual, hoy no debía ser catalogada como deporte. Él hacía su comentario tras revisitar en internet ese prodigio de pelea cuerpo a cuerpo que fue el célebre combate Alí-Foreman llevado a cabo en Zaire, país africano.

Nuestra conclusión fue sencilla: la pasión boxística albergada, estaba casi absolutamente centrada en la figura de Muhammad Alí. Ganador de la medalla olímpica en Roma 1960 en el peso semicompleto para su país -los Estados Unidos EEUU- cuando se llamaba Cassius Clay, confesó en varias oportunidades haber constatado el poco valor que tenía para su sociedad aquel logro. Luego hizo una carrera meteórica en el llamado boxeo profesional con una estrategia propagandística de actitud psicológica y teatral que tal vez vio en la fantástica película hollywoodense Lord Jim (Walsh, 1942), traducida como “Un Caballero Audaz” con el actor Erroll Flynn. Aquella actitud gritona, desafiante, burlesca hacia sus rivales y hacia la prensa, le valió el título de Bocazas o Bocón. Muchas veces se dijo que Alí ganaba las peleas antes de subir al cuadrilátero.

Clay (Alí) derrotó uno a uno, a los mejores del ranking, hasta ganar al campeón mundial Sonny Liston en febrero de 1964 y, luego de volverlo a derrotar en la revancha, se convirtió a la religión del islam cambiando su nombre por el de Muhammad Alí. Fue el primer boxeador estadounidense en fijar una posición política al declararse objetor de conciencia y negarse a ir a la guerra del Vietnam. Por esto fue despojado de su título y encarcelado. Al salir de prisión tomó de nuevo las riendas de su carrera y se encontró con un gran rival: Joe Fraizer, con quien disputó tres peleas memorables y perdió su invicto. Sin embargo, la pelea que merece este artículo la protagonizó con George Foreman.

El gigantón Foreman era el campeón mundial a raíz de triturar a golpes a Frazier y a Ken Norton (en Venezuela), ambos vencedores de Alí. La publicidad mundial de la millonaria pelea centró la atención en la promoción de un Foreman imperialista, gubernamental, gringo, superdotado, endoracista, bélico porque había estado con el cuerpo de marines en la guerra de Vietnam; en cambio se proyectó a un Alí contestatario, rebelde, progresista, objetor, izquierdoso, (amigo de Malcom X) recordando su luminario paso por la lucha de los derechos civiles en los EEUU de los años 60 del siglo XX: era el campeón del pueblo. Todo esto garantizaba la obtención de miles de millones de dólares en ganancias para los bolsillos de las mafias boxísticas. Se explotó hasta la saciedad la superioridad física de Foreman, quien salió como favorito (en las apuestas) por su demoledora pegada. Alí fue promocionado como un peleador en decadencia, viejo, débil pero siempre rentablemente carismático. Era el favorito sentimental, de allí que los empresarios decidieron que ambos peleadores ganarían la misma suma en millones de dólares; Foreman protestó como campeón.

El 25 de septiembre de 1974 se efectuó el combate en Kinshasa, capital de Zaire. Ante los ojos atónitos del mundo paralizado por aquella pelea, Alí acabó con Foreman en siete asaltos con una estrategia que aún se estudia entre quienes siguen esta actividad. Alí utilizó un planteamiento de apariencia, un señuelo que engañó a muchos espectadores (incluso a algunos de sus seguidores), con énfasis en quienes anhelaban verlo caer y sobre todo obnubiló al mismo Foreman. Se demostró cómo un bombardeo de propaganda alienante puede afectar la visión objetiva que la realidad muestra en primer plano.

Al iniciar la pelea, Foreman salió como una fiera a cazar a su presa (era su estilo) y Alí fue a esperarlo en las cuerdas como si se creyera la víctima que caería en cualquier momento. Alí no saldría de las cuerdas hasta ver a su rival encorvado como un chubisco aplastado a sus pies. Muchos y muchas de quienes vieron caer a Foreman liquidado en la lona no se dieron cuenta de la paliza que había recibido, porque estaban concentrados en la andanada de golpes que lanzaba, muchos de ellos erráticos. Eran los golpes que el bombardeo de publicidad había puesto en el imaginario de todos y todas como los letales, los millonarios, los ganadores, los agresivos, los invasores y que muchos y muchas veían como ¡los únicos!. Mientras Alí pasaba la mayoría de aquellas brazadas torpes que lanzaba Foreman con geniales y subestimadas inclinaciones de cintura, haciendo que cayeran sobre su cuerpo sin daño letal o al aire (el gigantón jamás fue un gran boxeador), lanzaba al mismo tiempo toda clase de golpes a las zonas vitales del campeón, las cuales iban afectando su humanidad, pero lo más asombroso era que … ¡Pocos, poquísimos los veían!, porque la enorme publicidad los subestimó, los colocó en la alienación, los invisibilizó. Todos los golpes que lanzó Foreman lo fueron cansando.

Quienes más resintieron esta crisis de percepción fueron los narradores y comentaristas deportivos (lacayos de las empresas boxísticas) que vieron siempre ganador a Foreman y coreaban sus zarpazos inútiles con expresiones de ridículo asombro. Sólo vieron ganador a Alí hasta que un golpe de remate derrumbó a Foreman como a un verdadero “paquete” (denominación que se usa para referir a un boxeador que no tiene nada que buscar en una pelea). Por boca de estos fablistanes escuchamos: “¡No lo podemos creer!”. En la lona, hecho un guiñapo, Foreman tampoco lo podía creer.

Varias tácticas utilizó y asimiló Alí para darnos aquella lección, a saber: recibir los golpes del contrario con conciencia (saber cuál golpeó en realidad y cuál no), hacer pasar la mayoría de sus golpes mientras el contrario cree que han sido efectivos, golpear seguido con la contundencia necesaria a sus partes esenciales para minar su fortaleza, provocar que lance muchos golpes para que se canse. Con estas tácticas reales, Alí acabó con un rival que se creyó (o hicieron creer) superior, a través de tácticas creadas en laboratorios publicitarios dirigidas al imaginario de la gente. También, el resultado de esta pelea nos demostró que perdió la prepotencia y ganó el sentimiento.

Los pueblos del mundo siempre han enfrentado a imperios poderosos pero en este siglo XXI enfrentan al imperialismo que tiene todos los poderes bélicos nunca vistos; basa su dominio ese monstruo (como todos los de su especie) en la intimidación que produce la fuerza. Golpea el imperio, golpea a los pueblos que contra las cuerdas reciben esa andanada de diferente manera. ¿Tienen conciencia los pueblos de esos golpes? ¿Golpean los pueblos mientras reciben los golpes? ¿Cómo golpean los pueblos en este instante? ¿Pasan los pueblos los golpes del imperialismo? Es interesante ver con detenimiento qué está pasando a ese imperialismo mientras golpea a los pueblos y observar con mucho más detenimiento, sin subestimaciones, qué pasa a los pueblos mientras son golpeados por el imperialismo ¿Golpean los pueblos?

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