NICOLAS MADURO: EL PRESIDENTE EN SU SALSA

“La salsa… deviene en el mejor canal de comunicación entre la gente
y sus experiencias cotidianas, llena como está de sensaciones extremas
 casi siempre opuestas: felicidad y tristeza, dolor y alegría,
fiesta y duelo, lealtad e infelicidad, baile al ritmo de la clave
e improvisación permanente”.

Del catálogo “¡Llegó la Salsa!”.
Fundación Museos Nacionales.
Ministerio de la Cultura.
Caracas. Venezuela.


Si algún pueblo en la Pacha Mama puede hablar con propiedad del género musical denominado Salsa, ése es el pueblo venezolano porque de su creatividad surgió ese fenómeno cultural que aún pone a bailar a nuestra gente. La Salsa como género nació en Venezuela con el impulso de la orquesta de Federico y su Combo Latino; músico que tomó la inventiva metafórica de Phidias Danilo Escalona, productor y mediador de un programa radial de nombre La Hora de la Salsa, el Sabor y el Bembé. A partir del año 1966, Federico Betancourt y su equipo de geniales músicos como Roberto Monserrat, irrumpen con melodías afrocaribeñas como la legendaria pieza “Cocolía”, contenida en un Disco de Larga Duración (LP) denominado “Llegó la Salsa”, que instituyó aquella metáfora y transformó la concepción musical fragmentada de varios géneros en el Caribe de nuestro Abya Yala y los integró. Federico y Phidias tomaron con tanta humildad su valioso aporte cultural que las empresas disqueras de Nueva York se lo apropiaron, lo transformaron en un jugoso negocio con el dólar como magnate, sin reconocer en ningún momento nuestro poder heurístico.

Ya el cieguito maravilloso cubano Arsenio Rodríguez y el Chano Pozo habían sembrado la herencia del Guaguancó en Nueva York y Orquestas como la de Billo Frómeta en Venezuela, aportaban la promoción de ritmos al baile con sus famosos “mosaicos”. Y en el justo momento en que Eddy Palmieri, Joe Cuba y Pete Rodríguez impulsaban el ritmo Boogaloo; Richie Ray hacía lo propio con el Jala Jala; Charlie Palmieri, Jhonny Pacheco, Puppy Lagarreta, Tito Rodríguez insistían con la bailabilísima Charanga; la Orquesta Aragón deleitaba con el Cha Cha Cha y junto a Barbarito Diez, Acerina se lucían con el Danzón; Rafael Cortijo con Ismael Rivera, Mon Rivera hacían elevación con la Plena de borinquen; Tito Puente se agigantaba con los boleros de la fabulosa cubana Guadalupe Victoria Yoli Raimond “La Lupe”; Johnny Ventura, Damirón, Dioris Valladares llenaban las pistas con el Merengue quisqueyano; Pacho Galán inventaba el Merecumbé; Jimmy Cliff se metía en honduras con el Reggea jamaiquino; los trinitarios movilizaban el mar con el Steel Band; y se iniciaba la novedad del ritmo Soka en las Antillas, zafadas formalmente del dominio holandés; un grupo de músicos venezolanos junto a un hombre de radio como mentor, hacían integración cultural para producir y nombrar la Salsa que hoy disfrutamos y bailamos.

“Nuestros barrios, tanto los caraqueños como los de todo el Caribe, son como pueblos clavados en el propio corazón de las ciudades, y es allí, en ese ambiente cruzado y desencontrado entre la modernidad y la ruralidad, donde surge la salsa y su baile, a manera de puente entre los espacios y el colectivo”.
IDEM

Este recorrido cultural de la música nos define como un pueblo productor de integraciones, con la tradición bolivariana como ejemplo. Desde su gesta, el Libertador Simón Bolívar -impulsor y ejecutor del proyecto integracionista de la Gran Colombia, con la visión de enfrentar a los imperios que nos amenazaran- deja en Venezuela la tendencia a producir síntesis de las experiencias regionales para integrar esfuerzos, propuestas, proyectos. Aunque nos vemos como país, nuestro sentimiento siempre tiende a rebasar las fronteras hacia el Abya Yala como herencia del Libertador. El proceso del que resulta el género musical Salsa lo demuestra. La Salsa musical que hemos exportado, tiene una historia venida del desarrollo urbano impuesto por el auge de la producción petrolera con el barrio como contexto fundamental. Sabemos que ningún ritmo musical pervive sin bailadores y la Salsa ha tenido en el obrero y la obrera del barrio venezolano a ese público cautivo que arma las fiestas, anima los templetes y abarrota las pistas de baile para gozarse la Salsa, sobre todo en los Carnavales. Ese populacho estupendo que vive en los barrios ha sido el sostén del mercado salsero y el que la ha preservado como ritmo bailable. Ya sabemos de sobra que burguesito no baila Salsa y si se atreve la embarra. Las mejores metáforas del baile las hemos elaborado en estas tierras. Las más destacadas pudieran ser: el “Bailar pegao” como desafío, “Nadie nos quita lo bailao” como reto, “Bailar en un tusero” como dificultad, “A ponerse las alpargatas que lo que viene es joropo” como advertencia y prevención. En nuestro orgullo queda registrada la verdadera autoría y la satisfacción de haber recibido a todas aquellas orquestas en nuestras fiestas de calle, radio o televisión, que se fueron sumando a la integración más valiosa de la música afrocaribe. En esta historia cultural genuina del pueblo venezolano que rebasa fronteras hacia nuestro continente, nace y se fortalece el hoy Presidente Nicolás Maduro Moros.

POLÍTICO QUE NO SEA CULTOR O CULTORA JAMÁS PODRA ASPIRAR A SER PRESIDENTE DE LA REPUBLICA BOLIVARIANA VENEZUELA

Una de las improntas políticas que deja el Comandante Hugo Chávez Frías a su pueblo es el aporte como cultor, no sólo del canto sino de la sabiduría cultural de su pueblo. También integró el Comandante, mucho conocimiento de la materia musical en sus narrativas, aunque no la demostró ni en el género llamado Rock de los años 60 ni en la Salsa. En su primera visita a la Argentina fue recibido con un grupo de Rock y tuvo que referir a su hermano Adán como el experto (al que describió como un joven que tuvo alguna vez el pelo largo). Y en materia de la Salsa, su referente era siempre el entonces canciller Nicolás Maduro. El Comandante Hugo Chávez aún es subestimado como líder político por quienes creen que este aporte cultor es una gracia o una impostura o un divertimento y no una esencia integrada a su ser político y popular. Uno de los atributos culturales del Presidente Maduro es el conocer al dedillo la cultura del barrio como venezolano, como cultor y como activista político. Los enemigos de nuestra revolución bolivariana han pretendido, no sin antes hacer el ridículo, ofender su nacionalidad, obviando con rastrera ignorancia que en el Abya Yala (la poderosa nacionalidad continental que nos asiste) los pueblos no tenemos fronteras. El barrio venezolano es igual al colombiano, al cubano, al boriqueño, al quisqueyano, al mexicano, al caribeño porque se cocinan en una misma salsa histórica y por esto las luchas en esencia (con sus particularidades) son las mismas y esta salsa integrada la conoce nuestro Presidente; éste es uno de los atributos por el que sucedió al Comandante Hugo Chávez. El Presidente Maduro se sabe el sonido de nuestros pueblos: lo ha escuchado, estudiado, integrado y expresado. Como cultor de la percusión salsera, con énfasis en el instrumento llamado timbal, sabe del cuero seco que somos venezolanos y venezolanas, porque si nos pisan por un lado nos levantamos por el otro. Conoce que nuestro pueblo sabe sonar bien en integración.  Sabe que cuando se nos agotan las salidas formales, las posturas diplomáticas, los planes estructurados apelamos a la alternativa del barrio y esto nos preserva y nos permite continuar; esto nos soluciona todo. Nuestro proceso político tenderá hacia lo popular mientras conserve esta dimensión intacta y en expansión; quien lo liderice deberá tomar en cuenta el cultivo del arte para sí y como dimensión de primer despliegue, porque así lo aprendimos del Comandante Hugo Chávez Frías y ahora del Presidente Nicolás Maduro Moros, al que hay que seguirle la pista en todo momento.

LA CLAVE ESTA EN CHAVEZ

Luego del cambio de plano del Presidente Hugo Chávez Frías en el año 2013, la oligarquía como clase tramposa y creadora de imposturas históricas para mediatizar y traicionar a las clases populares ha dejado colar en la sociedad venezolana, a través de sus cipayos, la frase típicamente adeca de que “Con Chávez se vivía mejor” para  desprestigiar la labor gubernamental del Presidente Nicolás Maduro. No caímos en esta trampa infectada de la llamada vergüenza étnica. La política actual de nuestro gobierno es herencia de Chávez. Este legado del Comandante está en que comprendió que nada se puede hacer aparte; y –siguiendo al Libertador- siempre supo que nada se puede emprender en la política de nuestro Abya Yala con aliento de transformación social sin integración regional. El imperio capitalista sabe esto, razón de su empeño actual en torpedear, atacar y liquidar nuestras experiencias integradoras, donde no estén metidas sus peligrosas narices. La política integradora del gobierno del Presidente Nicolás Maduro ha sido cautelosa, prudente, dialógicamente pulcra, osada en la digna respuesta, anclada en la resistencia, en la contraofensiva oportuna y en la denuncia precisa para desmentir las infamias, con la paz como bandera flameante e ineludible. Su tendencia apunta al fortalecimiento del diálogo y la unidad de los factores aliados internos sin perder de vista el diálogo bolivariano hacia el Abya Yala, comprendiendo los distanciamientos tácticos y los movimientos estratégicos. La práctica y el discurso del Presidente Maduro hacia la integración han sido coherentes con nuestro porvenir, a sabiendas de que el tiempo actual es de resistencia, movilización, preservación de los espacios logrados y de análisis permanente. Su canciller y demás embajadores en los organismos internacionales han respondido con contundencia en los momentos oportunos. Ha buscado que la salsa de su política hacia la región tenga el sabor de la mayoría de sabores de sus pueblos, sobre todo los caribeños y antillanos.

HACIA EL FORTALECIMIENTO DE UN PUEBLO ECONOMISTA

Las hegemonías no apuestan a los pueblos. Los pueblos deben apostar a sí mismos. Los grandes emporios capitalistas, las instituciones financieras, ni siquiera los gobiernos sostienen a la economía de los países; son los pueblos quienes logran mantener a la economía y a eso que llamamos mercado: lo demostró Mahatma Gandhi en India. Economistas vinculados a los procesos sociales vislumbraban a fines del siglo XX un porvenir basado en el estudio, la práctica y vínculos de las micro-economías, al comprobarse que las teorías macroeconomías y sus prácticas imperiales ya no tienen respuestas a las necesidades humanas: han fracasado porque se basan en la creación de crisis, especulación de capitales y dependencias mafiosas, ilegales e injustas. Los pueblos organizados en su práctica y sueños serán los garantes de la evolución de las perspectivas económicas del siglo XXI, mientras se basen en redes micro-económicas de las que surgen iniciativas efectivas para solucionar los problemas y establecer reglas del juego y valores nuevos (con una antigüedad histórica que los refrenda) para sostener la ética colectiva necesaria que nos permita cubrir las necesidades y satisfacer los gustos y las expectativas.

Sabedor de esta realidad insoslayable, el Presidente Maduro enfrenta la guerra económica con una acción hacia el fortalecimiento de las microeconomías, basada en la distribución de “bonos” que deben ser administrados individual y colectivamente por el pueblo. En toda guerra, ha sido usanza de los gobiernos que la enfrentan, la implementación de una política bonificadora para paliar los gastos que a la población atañen, sin embargo, en los bonos del gobierno bolivariano se incluye una acción de educación política, vinculada a la toma de conciencia del momento en resistencia que vivimos. Además de enfrentar la escasez resultante del bloqueo genocida impulsado por los factores del imperio, los bonos apoyan los cambios en los patrones de consumo que ahora experimentan venezolanos y venezolanas como producto de una concienciación de las afecciones pasadas en lo referido a la alimentación, impuestas por las clases pudientes, basadas en la cultura rentista que obligó a la población a adoptar rubros que en nada se relacionaban con su cultura originaria, su historia y su conformación orgánica. Hoy se consumen granos, hortalizas y frutas antes despreciadas por el prejuicio venido del comercio con los Estados Unidos y su cultura colonizadora. Además se trata de una cultura sana del comer que nutricionistas populares venían promoviendo a lo largo del siglo XX.

Hoy el comercio se está moviendo en base a los productos alimenticios. En muchos establecimientos se opera un cambio de ramo urgente hacia la rama enlatada y empaquetada que contiene comidas y sus derivados sustituyendo negocios de ferretería, bisutería y otras baratijas. Los productos químicos para el hogar y el aseo personal, tales como: desinfectantes, jabones, lavaplatos, cloros, desodorantes, ceras, están siendo fabricados por emprendedores que pasaron a sustituir a los emporios gringos. Igual sucede con la manufactura y otras fabricaciones necesarias. Las piezas de vestir se están viendo pobladas de propuestas alternativas venidas de confeccionistas que ofertan trajes que responden más a la necesidad conservando el gusto. Han renacido los ventorrillos y mercados de corotos y cachivaches que antes eran desechados aun teniendo utilidad. El calzado está pasando (como a inicios del siglo pasado) de la compra nueva a la reparación y el remiendo. El pueblo se está viendo en el espejo de su sacrificio social y humano, pagando el precio de la adquisición de conciencia a la dignidad de tener una Patria limpia, económica y comercialmente de los vicios instalados por la ideología burguesa; una Patria soberana para el porvenir de nuestros nietos y nietas. Paulatinamente se colocan en el escenario productivo formas antiguas pero efectivas de intercambio como el trueke que van de la alternativa inmediata a la visión estratégica con la educación como mediadora social.

Al principio del ataque económico y en la medida en que recrudeció el bloqueo gringo, hubo una reacción en los sectores medios de la sociedad, que rechazaban las colocaciones económicas del gobierno. Son sectores mayoritariamente afectados por el individualismo que comenzaron a añorar las costumbres egoístas, personalistas, tabaratas del pasado, de no pensar en los demás a la hora de ejercer su economía y olvidarse de que tenían una Patria qué defender: más bien se burlaban. Obligados por la recesión, la hiperinflación y la contracción en los precios han tenido que incorporarse al pueblo en ese “pensar en colectivo” para sacar adelante a la sociedad y no sucumbir ante los apetitos del capitalismo y sus agentes ideológicos. Aunque resiste un pequeño grupo de resentidos de cualquier bando defenestrando las medidas gubernamentales, la mayoría nos miramos en la realidad del resto de pueblos del Abya Yala Sur y no podemos más que reconocer la acertada política del gobierno del Presidente Nicolás Maduro Moros, cuando en una situación de guerra bestial contra nuestro pueblo, donde nos han sido robadas parte de nuestras reservas internacionales en activos y pasivos, y sin embargo se hace raíz cada vez más en los proyectos endógenos y en el porvenir que tenemos arraigado junto al resto de pueblos de la Pacha Mama. No todos estos reacomodos sociales que caminan hacia transformaciones profundas son los más idóneos para nuestra gente. Tienden a favorecerse grupúsculos aventajados por sus vínculos licenciosos con aromas de antigua data oligarcas y politiqueros, sin embargo, el pueblo (siempre sabio y paciente) sabe que esta lucha es de largo aliento y constante, amparada por la historia. En el seno de la llamada economía informal, las tonalidades van de la sobrevivencia a lo trágico, sin embargo el afán de resistir es constante. Nuestra Salsa regional tiende a tener sabor mundial y la visión de nuestra gente se hace cada vez más política y estratégica.

LA HERENCIA ESPIRITUAL

En uno de los aniversarios del periódico Ultimas Noticias de la era Capriles, dedicaron un estupendo suplemento a las creencias del venezolano y la venezolana. El resultado fue sorprendente. Además de la consagración de la libertad de cultos, en Venezuela se describen múltiples creencias y formas de interpretar la espiritualidad. Desde la posición social, política, económica, cada quien en Venezuela dice tener su vínculo con lo insondable, lo desconocido, lo subjetivo. La conclusión de aquel trabajo periodístico relevante es que en gran medida, venezolanos y venezolanas somos devotos de subjetividades que sustentan nuestra religiosidad. A esta dimensión del alma humana nos aproximó el Presidente Hugo Chávez Frías en muchas de sus incidencias personales y colectivas. Es ya mundialmente conocida la referencia al Crucifijo que mostró a sus enemigos cuando regresó del secuestro que sufrió en la isla de La Orchila en abril del año 2002. Ha sido interpretada como una manipulación cuando en realidad es otra de las esencias del Comandante Chávez. No es un secreto la devoción religiosa del Presidente Nicolás Maduro. También como pueblo cultor debió participar en no pocos velorios de Cruz de Mayo donde las expresiones votivas, poéticas y musicales afrovenezolanas están presentes. La integración de las deidades africanas a las de origen católico, unidas a las festividades agrarias que han llegado en las migraciones internas del campo a las ciudades, conforman una poética de la religiosidad popular que se unen a la Salsa de las cosas Patrias que nos vinculan.

Causó opiniones diversas la iniciativa del Presidente Maduro de convocar un encuentro con las iglesias y cultos evangélicos. El momento lo primaba dada la posición de alto gobierno que le corresponde. Era un diálogo esperado que no dio el Comandante Hugo Chávez en su momento con la misma trascendencia. La opinión general, en principio sorprendida, ha dado su visto bueno como lógica posición ante la cúpula católica que ha mantenido su bendición reaccionaria, favorable a los manejos de los cipayos internos y a las movidas imperiales, en contra de los intereses nacionales y populares. Ofrecer una universidad a estos centros coloca el diálogo en una inteligencia relevante porque lo transforma en un espacio investigativo y de estudio, del cual podrían salir tesis que apunten a la libertad religiosa, a la libre asunción de la religiosidad familiar y personal, a la devoción dialógica espiritual y filosófica que la sane y proteja de manipulaciones ideológicas y hegemónicas.
  

LA PATRIA VENEZOLANA SIGNA EL FIN DEL CAPITALISMO

Guerras absurdas, masacres y genocidios, acabose del derecho internacional, comiquita de los organismos mundiales, hambre y miseria para los pueblos, los recursos planetarios cada vez en menos manos, una Pacha Mama contaminada, devastada y enferma, una gran sociedad esclavizada mientras élites minoritarias disfrutan la rapiña final; es éste el futuro que se ofrecen a sí mismos quienes aún sostienen el capitalismo y sus socios. Nada para el resto de la humanidad, mientras los pueblos resisten en las calles con sus luchas. En Venezuela el capitalismo se está retirando a motu propio. La guerra ataca por igual a los productores medianos, emprendedores, técnicos, profesionales que al pueblo y sus organizaciones, arrinconando las formas mercantiles de preservar capitales. En su reacción, los grupos de la macroeconomía, la banca y demás especímenes tratan de maniobrar el circulante tratando de especular con la moneda tradicional de dominio para mantener domesticado al comercio, mientras la microeconomía se fortalece ante nuestros ojos en los sectores más debilitados y vulnerables de la sociedad con la venta directa donde se mantiene el dinero en efectivo, teniendo su expresión más interesante en cooperativas donde se comprueba que aún el socialismo es la salida.

El gobierno del Presidente Nicolás Maduro Moros culmina el año 2019 propinando una severa derrota a la política agresiva y ultrareaccionaria del estadounidense Donald Trump. En el plano internacional la vapuleada que le han dado los nuestros a la pandilla del malandro Elliot Abraham ha sido tal, que este veterano de las más detestables chapucerías contra los pueblos ha salido por la puerta de atrás de la Casa Blanca, botado como un caballero de la realeza que perdió todas las partidas en el tapete verde. Ni el puesto de crupier le queda ya dentro del escenario geopolítico. Queda demostrado que las banderas de la paz y el diálogo han sido exitosas como acción política interna, desde el mismo momento en que se inició la resistencia contra los grupos mercenarios (apoyados por el gobierno gringo) que atacaron hasta con su mierda a nuestra sociedad, durante los años 2016, 2017 y 2018 con la finalidad de sembrar el terror, el miedo y terminar con el gobierno para venirse contra el pueblo. En este escenario la participación de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y la Policía Nacional fueron ejemplo de respeto a los Derechos Humanos y demás garantías constitucionales. Luego del voto popular constituyente, el Presidente Maduro, coherente con su política hacia el mantenimiento de la democracia y el estado de derecho, mantuvo la voz de diálogo en todo momento, resonancia que dejó al descubierto, cuáles sectores de la oposición querían verdaderamente un diálogo sincero. Esta exitosa política dejó a los líderes mercenarios y terroristas para el disfrute de chistes y otros humores en las esquinas, a la espera de que el guante de la justicia les caiga por sus fechorías.

Hay que estar obnubilados por la disociación para no ver cómo el esfuerzo por mantener las políticas alimentarias del CLAP se han coronado en permanencia y oportunidad. A través de muchas instituciones y organizaciones comunitarias, las llamadas “bolsas” o “cajas” han accedido al pueblo con permanencia. Son varios los altibajos, las inconsecuencias pero no son la constante. A pesar del sabotaje tecnológico sufrido, ese fabuloso instrumento para la economía popular llamado Carnet de la Patria ha resultado el puente cuántico entre los recursos emergentes para resistir la guerra y la acertada acción económica del gobierno que tiene al pueblo como mediador administrativo potencial. Los sectores más rancios y reaccionarios de la sociedad desprecian y se burlan de estas medidas y del instrumento tecnológico que la posibilita, porque los ven como una acción de limosna y tienen una idea minusválida y subestimadora de nuestra gente, cuando en realidad se trata de una medida solidaria de confianza en el pueblo que la recibe y la administra. Este sector cipayo de la oposición jamás verá al pueblo como potencial economista de su sociedad. La eficiencia con que se ha movido la dialéctica entre las bonificaciones gubernamentales y las administraciones populares se reflejan en la dignidad que ha crecido y se ha fortalecido en el espíritu cotidiano de nuestro pueblo, no sólo al resistir los embates de la guerra sino al obtener victorias diarias y permanentes que fortalecen el camino al porvenir. Todos los pueblos del mundo se resuelven en las situaciones duras de la realidad y este pueblo venezolano está demostrando que se sabe resolver en un proceso que se pretende revolucionario en lo político, socialista en lo filosófico, libertariamente devoto en lo espiritual, signado por lo popular. El último día del año 2019, cuando este pueblo se apreste a darse el abrazo de por ahora en familia, al echar un vistazo emocional a todo lo que hemos superado como colectivo junto a la gestión del Presidente Maduro, la Salsa del esperado año 2020 tendrá un inconfundible sabor a victoria popular.



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