La abuela Kueka regresa a casa

Por Henys Peña (17/04/2020).

En medio de la brutal agresión a Venezuela por parte del imperialismo, con el sonido de fondo de las noticias del robo de los fondos del Banco Central por el gobierno norteamericano, llegan también los cantos del pueblo Pemón, que preparan el camino de retorno de la abuela Kueka.

Desde estas montañas del pueblo caribe, los Altos de Guaicaipuro, estamos seguros que observa el Guapotori, y su mirada se posa allá en Alemania, para escoltar el regreso de esta gigantesca piedra de jaspe que fue arrebatada al pueblo Pemón en 1998, evidentemente, sin el consentimiento del pueblo que la venera.

Este símbolo sagrado del pueblo Pemón, que ha sido entregado a las autoridades venezolanas para su repatriación, fue sustraído por el artista alemán Wolfang von Schwarzenfeld en 1998, con una autorización, cuando menos inconsulta, y plagada de la más supina ignorancia del entonces presidente Rafael Caldera. Ella por sí sola es una piedra semipreciosa, de jaspe, y ha sido exhibida en el parque de Tiergarten (Berlín), como parte del Proyecto Global Stone (Roca Global).

Doce chamanes del pueblo Pemón realizaron el viernes 11 de mayo 2018 un ritual de "sanación" a la roca (fotografía que ilustra esta entrada), que fue “intervenida” por el artista y vandalizada con grafitis durante su estancia en el parque alemán.

La lucha que se inició con la resistencia a su sustracción, continuó ininterrumpidamente, con el reclamo de su retorno que duró más de 20 años. La piedra tiene un peso de 30 toneladas, carga además con todo el amor y adoración del pueblo Pemón. Ernesto Villegas (Ministro de Cultura), informó en su momento que la acción de los chamanes era la "antesala espiritual a su repatriación".

El pueblo Pemón, asentado en el estado Bolívar, al sureste de Venezuela, es parte de una comunidad mayor, la Katugua (Karive - Tupí - Guaraní), que cruza de norte a sur desde el caribe hasta las pampas argentinas, y consideran que la sustracción de la abuela Kueka de la comunidad de Santa Cruz de Mapaurí, genera un desequilibrio que se traduce en desastres naturales.

En la memoria oral, se narra que un joven Pemón de Taurepán se enamoró de la mujer más bella de la comunidad Makuxi, y se fugaron juntos, en contra de la voluntad del dios Makunaima, que prohibía la unión entre ambos pueblos. Fueron perseguidos y condenados a vivir abrazados para siempre, transformados en piedra. De este modo devinieron en los ancestros del pueblo Pemón. Esta unión eterna fue rota por Von Schwarzenfeld, a partir de la sustracción de la “abuela” el “abuelo” quedó solo en la comunidad de Santa Cruz de Mapaurí.

Nos movió a escribir sobre este tema, el silencio de la mass media, en medio de la campaña electoral, incluso “nuestros” medios poca o ninguna relevancia le otorgaron a este tema, quedó al margen de la “corriente de opinión” principal, y es comprensible, lo urgente se antepone a lo importante, y la memoria colectiva se atiborra del hoy, del “última hora”,  el regreso de la abuela Kueka junto al abuelo es un acto de fe de nuestros ancestros, que no están tan lejos en el tiempo, pues están allí en la Gran Sabana, ni tan lejos en la tierra, pues por nuestras venas corre también su sangre, y su abuela es también una de las nuestras.

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