Rafael Urdaneta, juez y verdugo

Rafael Pompilio Santeliz
(23 de agosto de 2017)

La templanza de Urdaneta como ejecutor y justiciero empieza a delinearse desde sus iniciales combates. El 13 de septiembre Urdaneta informa al realista español Monteverde que Zuazola ha caído en su poder y que no obstante ser un monstruo por las atrocidades cometidas, está dispuesto a canjearlo por el patriota Coronel Diego Jalón, a pesar de la dignidad que distingue a éste del otro. Ya se había producido el Decreto de guerra a muerte de El Libertador, compartido por Urdaneta. Y ante las amenazas de Monteverde, de sacrificar dos americanos por cada español que muriese, Urdaneta le dice sin titubeos: “El Libertador está pronto a sacrificar seis mil españoles y canarios que tiene en su poder, por la primera víctima americana”.

Ante la negativa de Monteverde de realizar el canje, le comunica fríamente: “En cuanto a la desproporción que existe entre el ilustre y benemérito Jalón y el infame asesino Zuazola, á nadie es desconocida; y sin duda el mártir de la libertad, Coronel Diego Jalón, preferiría gustoso perecer en aras del despotismo de Monteverde, a ser canjeado tan vilipendiosamente por un monstruo” Urdaneta no se amilanaba ante ningún enemigo y menos de quien lo desafiaba en nombre de la dependencia extranjera.

En esa guerra a muerte en la que le tocó ser feroz ante un enemigo inclemente y despiadado, sólo la disciplina pudo contener su ardor por pelear, mientras colocaba debidamente las divisiones. En un combate narrado por él en 1813, detallaba con ardor:

“A la gente bajo mi mando le tocó romper la primera línea de fuego; atacar a bayoneta bajo los de la infantería y artillería del enemigo, que vomitaban como bocas del infierno; arrollarlo y vencerlo. Todo fue obra de diez minutos, y a nadie se dio cuartel, ni en el campo de batalla, ni en la larga persecución de 4 leguas seguidas; y hasta de los más elevados copos de los árboles del camino, á donde se remontaban y escondían los canarios y españoles, de allí los bajaban nuestros soldados á balazos, tirándolos como monos!!! No fueron solo 500 los muertos del enemigo en esta memorable jornada, como ha dicho un escritor de estos últimos días; pues como testigos presenciales podemos asegurar que pasaron de 1.000; y que en nuestro poder quedó todo el tren militar español, superior con mucho al nuestro.”

En las guerras se vence o se gana, no puede haber dudas al momento del combate y así lo demostró Urdaneta cotidianamente. El general no hacía más que seguir las orientaciones de Bolívar cuando le decía: “Vd., obre con tanta más energía y actividad cuanto más se aumenten los motivos de peligro” O como pudiera decirse: tanta democracia como sea posible, tanta autoridad como sea necesaria.

Los sucesos de 1828, con el intento de magnicidio de Bolívar en Bogotá, la noche del 25 de septiembre, revelan a un Rafael Urdaneta duro, severo, apegado a las leyes, pero también a un ser humano irascible en momentos de presión. La madrugada del 26 de septiembre, durante los hechos de 1828, amenazó con “arrasar toda Bogotá si no aparecía El Libertador o si conseguían su cadáver”.

El colombiano Abelardo Forero Benavides, escritor de Francisco de Paula Santander, el hombre de las leyes, lo juzga sin contemplaciones: “Los métodos de que se valió Urdaneta para hacer hablar a (Pedro) Carujo, la hostilidad que muestra contra Santander, el desagrado hacia el propio Bolívar porque escucha la opinión de los consejeros, la vulgaridad de algunas expresiones, la indignación que experimenta al sentirse frustrado en sus intenciones y actos, la impaciencia ante las dudas de Bolívar, todo ello muestra un alma de soldado raso”.

Sin embargo, se encuentran otras opiniones en el escritor Víctor W Von Hagen, quien hace una narración en su obra donde se puede ponderar la entereza de Urdaneta como militar y juez. Durante el episodio donde se atentó contra la vida de El Libertador, se decía que era el pueblo el que había proyectado su muerte, pasando por alto los sacrificios y los esfuerzos por mantener unida a la Gran Colombia. Ante la magnitud de los implicados sólo quedaba una decisión: conceder la amnistía general y renunciar a sus cargos. El general Urdaneta protestó con vehemencia contra estos propósitos. Se estaba ante una conspiración que representaba la muerte de la República.

Bolívar firmó un decreto asignando miembros del tribunal especial a Rafael Urdaneta, otros cuatro militares y cuatro magistrados. Sus sentencias no tendrían más apelación que ante él mismo. El eficiente general Urdaneta tenía la situación en sus manos. Entre el 30 de septiembre y el 14 de octubre, fueron sentenciados y ejecutados 14 de los participantes. Habían sido detenidos cientos de sospechosos. El día de la ejecución los condenados estaban concentrados a un lado de la plaza, esposados y abatidos. Se inició la danza de la muerte. Los cuerpos caídos de la horca danzaban en el aire, muriendo rápidamente “No ocurrió así con uno de ellos, el general Padilla, quien retorciéndose en el aire soportó las sacudidas de la caída y logró zafarse de sus ataduras. Antes que se pudiera dilucidar un perdón del fallido ajusticiamiento, obró presto el general Urdaneta, quien no quería heroísmos. Hizo una seña al oficial que dirigía un pelotón quienes dando un paso al frente hicieron una descarga a quemarropa contra el cuerpo que se retorcía”. Se cumplía la condena y Urdaneta no le templó el pulso justiciero para finiquitar la muerte del sentenciado.

Sobre este hecho particular, Urdaneta como juez de causa, había sentenciado a muerte a Santander, como responsable del atentado. El Consejo de Ministros consideró justa la decisión y sugirió conmutar la pena por la salida del país. El general Urdaneta ordenó ejecutar lo dispuesto por El Libertador y el día 14 de noviembre de 1818 le escribe a Montilla en torno al hecho: “Yo he cargado con la odiosidad de los conspiradores y de los emplastadores; no lo siento, porque mi conciencia ha quedado cubierta, y porque mis amigos me harán justicia. Si alguna vez Colombia sufriere por consecuencia de este funesto desenlace, estaré libre de remordimientos” Al poco tiempo, el 14 de diciembre, el Libertador le da la razón: “Cada día me parece más imprudente haber salvado a Santander, este hombre será la última ruina de Colombia; el tiempo lo hará ver” Y el tiempo le dijo la misma verdad de Urdaneta, como juez y verdugo.

En posterior balance sobre el episodio, Urdaneta le escribía a Montilla, el 14 de noviembre de 1828: “La ocasión (de deshacerse de Francisco de Santander, vicepresidente de la Gran Colombia y uno de los implicados en los sucesos septembrinos) se nos vino a las manos y la despreciamos, ¿qué hay más que hacer? Toda la vida no ha de ser uno virote”.

Rafael Urdaneta es un buen modelo de gran hombre a imitar. Por su formación, por su altiva pobreza, por su dignidad, por su vocación de servicio, por su lealtad. Fue un héroe en la guerra y un héroe en la paz. Se necesita su ejemplo y su temple para todos los tiempos de Venezuela y la Patria grande.
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- Forero Benavides,Abelardo. “Nuestras opiniones de la hora de las horcas”. Revista Urdaneta. No 13, agosto 1945, Maracaibo, estado Zulia, p. 34
- Boletín del Centro Histórico del Zulia, Estados Unidos de Venezuela, No 7, Volumen 1, Imprenta del estado Zulia, Maracaibo, agosto, 1950, p. 54
- Bolívar, Simón. Obras completas, tomo IV, Caracas, Venezuela, Edic. de la CANTV, 1982, doc. 1419, p. 1607
- Bolívar, Simón. Obras completas, tomo IV, Caracas, Venezuela, edic de la CANTV, 1982, doc. 1883, p. 2014
- Parraga Villamarin, Eloy y otros. Venezuela en los años del General Rafael Urdaneta (1788-1845) Edic. de la Presidencia, Maracaibo, Venezuela, 1988, p. 69
- ROMERO LUENGO, Adolfo y otros. Dimensión de Urdaneta: una personalidad al servicio de la justicia y de la libertad, 1788-1988. Caracas: PEQUIVEN, 1988
- URDANETA, Amenodoro y Nephtalí Urdaneta. Memorias del General Urdaneta, Caracas, editorial Imprenta del Gobierno nacional, 1888, pp. 716
- Urdaneta, Rafael. Epistolario: Bolívar-Rafael Urdaneta, Rafael Urdaneta-Bolívar. Caracas: Ediciones de la Presidencia de la República, 1983, p. 83
- VON HAGEN, Víctor W. Los amores de Bolívar y Manuela Sáenz, México, edit Diana, S.A., 1989, p. 247

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