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lunes, 25 de marzo de 2019

Educación y descolonialidad


Educación y descolonialidad
Por; Henys Peña (25/03/2019).
En el marco del Programa Avanzado Intensivo en Docencia Universitaria Crítica y Emancipadora (PAIDUCE o PAI - Docente), iniciado el viernes 8 de junio de 2018, por la Universidad Politécnica Territorial de los altos Mirandinos Cecilio Acosta (UPTAMCA), la Prof. María Egilda Castellanos, desarrolló una reflexiva exposición que tuvo por nombre “Educación para la descolonización y descolonialidad” (1), a la que incorporamos elementos de nuestra propia ponencia en el II Congreso Regional de Investigación, en esta misma casa de estudios, avanzando en la formulación de algunas premisas, para la comprensión de este tema. A decir de Juan José Bautista, en entrevista por la Revista Resumen Latinoamericano (2):
Yo siempre digo, cuando por las grandes preguntas la razón palpita como si fuese un corazón, la razón está preparada para pensar. Para que suceda eso, tiene que estar uno en un acontecimiento existencial que sea capaz de producir eso, esa experiencia de constituir al cerebro como si fuese un corazón, que piense con pasión, y no meros argumentos lógicos, racionales (P. s/n).
Así que cuanto decimos lo hacemos desde la profunda carga histórica de la racionalidad occidental, pero con el intuitivo corazón de quienes han dicho basta y echado a andar, parafraseando a Ernesto Guevara en las Naciones unidas en 1964.
El pensamiento crítico, en general, y en apariencia por sí solo, ha cobrado notoriedad en el marco de los acontecimientos en Venezuela a partir de 1998, incorporado incluso, directamente al pensum de estudios de los Programas Nacionales de Formación. Asimilado con cierto “automatismo”, cargado de ese “enamoramiento” por lo “nuevo”, lo de “afuera” que es necesario comprender cabalmente. “Enamoramiento” sobre el que arrojan luces en “La americanidad como concepto, o América en el moderno sistema mundial” Aníbal Quijano e Immanuel Wallerstein (3), como también lo hacen; el filósofo Juan José Bautista y la Prof. María Egilda Castellanos, entre otros.
La comprensión plena de las razones para la descolonización y descolonialidad, primero del pensamiento, y a partir de allí de los métodos y las acciones, pasan por una relectura del Sistema Mundo y la compresión de las más depuradas, novedosas y siempre cambiantes formas de explotación, aplicadas en Latinoamérica.
Nos aproximamos, desde la filosofía de la liberación, a nuevas formas de comprensión del continente americano, el territorio y la composición geohumana del mismo, de la historia que hacemos y que nos ha hecho, para la construcción de conocimiento, de aprendizajes, de epistemología nuestra americana.
Del pensamiento crítico a la descolonización del pensamiento
El “pensamiento crítico” con su profunda carga eurocéntrica, con la Escuela de Frankfurt como catedral (grupo de investigadores que se adherían a las teorías de Hegel, Marx y Freud y cuyo centro fue el Instituto de Investigación Social, inaugurado en 1923 en Fráncfort del Meno, representantes por antonomasia de la teoría crítica), si bien construye líneas de pensamiento orientadas a potenciar la capacidad de análisis crítico, partiendo de la rigurosidad del método científico, iluminándolo de atrevimiento y creatividad, no deja también de constituir en suma, una formulación orientada a “potabilizar” y suprimir el filo “cortante” del pensamiento revolucionario europeo gestado en el siglo XIX, domesticar a Karl Marx​ (Tréveris, Reino de Prusia; 5 de mayo de 1818 - Londres, Inglaterra; 14 de marzo de 1883) y enternecer Pierre-Joseph Proudhon (Besanzón, Francia, 15 de enero de 1809 – Passy, 19 de enero de 1865), parecen el resultado por mampuesto de sus importantes aportes.
Algunas características básicas de este “pensamiento crítico”, hacen de la duda, la reflexión y la capacidad de experimentación, parte de un proceso capaz de generar nuevas ideas. En el marco de esta lógica, el conocimiento pasa a ser una construcción social cambiante que articula, construcción y deconstrucción con las academias, la historia y la investigación, como espacios y posibilidades adversas a toda forma de dominación y sojuzgamiento, que confronta al totalitarismo, los dogmas teológicos o filosóficos, pues estos atribuyen al ser humano un papel pasivo, cosificado, de objeto, secundario, o en el mejor de los casos “subordinado”. Todo ello, sin dejar de ser eurocéntrico, occidental y postmoderno, y por ende pretender ser respuesta “universal” que trasladada a una realidad distinta, termina siendo un medicamento para el paciente equivocado.
América no es Europa
Pero no será de estos, sino de otros, de los de este lado del charco, de los que se embriagarán las ideas que exponemos, “La expansión del sistema capitalista, en el mundo, apropiándose de territorios, fuerza de trabajo, recursos naturales, procesos sociales fundamentales, y en especial de las conciencias, de las subjetividades, de la vida misma de las poblaciones es IMPERIALISMO. Fase superior del capitalismo” (P. 7), como lo deja meridionalmente claro la Prof. María Egilda Castellanos en su presentación (1). Después de todo, no hay pensamiento crítico que valga, si es pensamiento prestado, si en esencia es extranjero en pasiones y sentimientos.
Iluminados por José Martí y su afirmación en la obra Nuestra América (4):
La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América, de los incas de acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria (P. 45).
Reafirmamos la diferenciación ya expuesta por Quijano y Wallerstein, entre la América latina y la América sajona, no solo por quienes le colonizaron, sino fundamentalmente por las poblaciones prehispánicas que aun sometidas, dejaron tradiciones, costumbres y epistemes, en una carga “genética” que aun “recesiva”, no tarda en reemerger a la primera oportunidad en que los mecanismos de dominación son rebasados, sea por las contradicciones y crisis de un modelo insostenible, o por los ánimos “levantiscos” e irreverentes, de aquellos a los que Ernesto Guevara en su discurso ante la Organización de Naciones Unidas en1964 (5) llamara “los pobres de la tierra” (P. s/n) al describir “Ahora sí la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia” (P. s/n) quizás con el apuro de anticiparse a algún historiador bien intencionado. A esa conducta levantisca, el subcomandante Marcos denomina “Bolsas de resistencia” (P. s/n) en contraposición a las “Bolsas de valores” (P. s/n) en su obra “7 Piezas Sueltas Del Rompecabezas Mundial” (6).
América continente
América, superada en extensión, por poco, solo por Asía, es el segundo continente más grande del planeta, Asia cuenta con unos 44 millones de kilómetros cuadrados, mientras que América tiene un poco más de 43 millones (30,2 % del planeta), la gran diferencia entre estos dos continentes radica en la población, que es proporcionalmente 4 a 1, Asia con unos 4 mil millones de habitantes es, por mucho, el continente más poblado, mientras América cuenta con el 12% de los habitantes del planeta.
América es el único de los continentes que se extiende de norte a sur con ninguna separación del Ártico y muy poca del Antártico. Delimitado sí, por dos grandes océanos, el Atlántico al este y el Pacífico al oeste, que le separan de manera “abismal” de Eurasia, África y Oceanía. Mientras que la separación entre Europa y Asia es prácticamente arbitraria, así África y Europa, o Asía y África están separadas por muy poco “a la vista” el uno del otro.
América fue poblada desde Asia oriental y evolucionó durante miles de años sin tener contacto con otros continentes, generándose diversas culturas en su territorio y desarrollando sus propias revoluciones neolíticas. La llegada de los europeos a finales del siglo XV, significó el fin de unos 50 mil años de “soledad” de estas culturas.
En sus conferencias E. Dussel no duda en afirmar que las primeras oleadas de migración humana, llegaron hace más de 50 mil años, con ello se hace parte de quienes confrontan la idea del “poblamiento tardío”.
A partir del fin de los 50 mil años de “soledad”, se inició lo que podría llamarse la mayor operación de ingeniería social en la historia de la humanidad, consistente en el exterminio en poco menos de trescientos años de más de cien millones de seres humanos, y el traslado de una cifra aproximadamente similar de seres humanos esclavizados, desde el continente africano al “Nuevo mundo”. Para finalmente ser la fuente nutricia fundamental para la conformación del sistema económico capitalista.
Moderno sistema mundial.
Navegamos rápidamente por los datos geográficos y poblacionales para dar un enfoque particular a otras afirmaciones. De los datos anteriores se deriva como evidencia irrebatible, que en efecto América representa una tan sorpresiva y repentina, como oportuna posibilidad de expansión del naciente sistema capitalista, no en cualquier momento, sino justo en el que la burguesía detonaba a partir de la revolución industrial, en un momento decisivo. Lo explica Wallerstein E. en su obra El Moderno Sistema Mundial, citada en el artículo La americanidad como concepto (3):
… “para el establecimiento de tal economía mundo capitalista fueron esenciales tres cosas: una expansión del volumen geográfico del mundo en cuestión, el desarrollo de variados métodos de control del trabajo para diferentes productos y zonas de economía-mundo, y la creación de aparatos de Estado relativamente fuertes en lo que posteriormente se convertirían en Estados del centro de esta economía-mundo capitalista” (P. 583).
Ahora bien, esa expansión en términos de territorio, representa una posibilidad real de expansión de mercados.
“En América, sin embargo, hubo una destrucción tan vasta de las poblaciones indígenas y una importación tan abundante de mano de obra, que el proceso de periferización generó menos una reconstrucción de instituciones políticas y económicas, que su construcción” (P. 583) continúan explicando Quijano Aníbal y Wallerstein Immanuel en La americanidad como concepto (3), los datos antes indicados sobre la población, aun imprecisos, confirman que el papel inicial del continente será el de fuente de recursos y riquezas, a ser trasladadas de manera rápida y expedita a Europa, y solo mucho después, mercado de producción y consumo de bienes.
El triángulo del “Maafa” (holocausto en Swahili), consistió en trasladar bienes a África para pagar a los gobernantes y comerciantes por la entrega de cautivos, trasladar a los cautivos a América para transformarlos en esclavizados, trasladar los productos del trabajo de los esclavizados a Europa y en cada paso obtener ingentes ganancias, “Maafa” es entonces fuente originaria de concentración de capital, que tiene por origen como en ningún otro, al continente americano.
Se explica entonces la temprana y singular implementación de un modelo esclavista masivo, como mecanismo acelerador de la concentración de capital, detonante del desarrollo tecnológico y expansivo en términos territoriales. Las contradicciones que este modelo le heredarán a las repúblicas que surgirían después, serán fuerza motriz tanto de la gesta independentista, como de frecuentes rebeliones y levantamientos, ya desde el propio inicio de la “colonización”, valga mencionar las características singulares de la independencia de Haití como un indicador de este argumento, distinta en todos los sentidos a la de los Estado Unidos con sus primeras trece colonias.
El papel que deparan al continente americano Quijano y Wallerstein, partiendo de su caracterización del Nuevo mundo se refleja al afirmar “¿En qué consistía esta «novedad»? Las novedades fueron cuatro, una pegada a la otra: colonialidad, etnicidad, racismo y el concepto de la novedad misma” (P. 584), sobre este último explican:
“Esto nos lleva a la cuarta contribución de la americanidad, la deificación y la reificación de la novedad, ella misma un derivado de la fe en la ciencia, la cual es un pilar de la modernidad. El Nuevo Mundo era nuevo, esto es, no viejo, no atado a la tradición feudal del pasado, al privilegio, a las maneras anticuadas de hacer las cosas. Cualquier cosa que fuera «nueva» y más «moderna» era mejor. Más aún, todo era presentado siempre como nuevo. Puesto que el valor de la profundidad histórica fue moralmente denigrado, su uso como herramienta analítica fue igualmente desechado” (P. 586).
Pero como “Nuevo mundo”, enuncian también el papel que pudieran tener o llegar a tener las antiguas culturas, costumbres y tradiciones, roto el hechizo de los 50 mil años de soledad, aunque los últimos quinientos parecieran toda la historia, solo para estos efectos es América,  una tierra “sin pasado”.
El presente apunta a cuál futuro.
Quijano y Wallerstein arrojan luces sobre el futuro al afirmar:
Las Américas se preparan a ingresar en el siglo XXI casi con las mismas desigualdades que en el siglo XIX. Pero a diferencia de entonces, no lo harán ni separadas, ni por caminos diferentes, sino como partes de un mismo orden mundial en el cual Estados Unidos ocupa, aún, el lugar primado, y América Latina, un lugar subordinado y está afectada por la crisis más grave de su historia postcolonial” (P. 590).
Se puede confirmar que así como la colonización se tradujo en el saqueo sin precedentes de todo un continente, pero sobre todo en la “destrucción” de la propia memoria, los puentes tendidos que han unido al mundo en la “moderna esclavitud de los mercados”, también han unido el destino de los “pobres del mundo”. La relación centro periferia, tiene como interés central, que los lazos, los puentes y los vínculos se establezcan exclusivamente en el sentido y dirección periferia-centro, pero resulta inevitable el progresivo establecimiento de relaciones periferia-periferia, de las que se derivarían nuevos hechos transformadores o revolucionarios, para Quijano y Wallerstein:
En América Latina, la persistencia del imaginario aborigen bajo las condiciones de la dominación, ha fundado la utopía de la reciprocidad, de la solidaridad social y de la democracia directa. Y bajo la crisis presente, una parte de los dominados se organiza en torno de esas relaciones, dentro del marco general del mercado capitalista (591).
Para concluir afirman:
Tarde o tempano, esas utopías americanas se encontrarán para formar y ofrecer al mundo la específica utopía americana: La migración de pueblos y de culturas entre las Américas y la gradual integración de todas ellas en un único marco de poder, es o puede ser uno de sus vehículos más eficaces (P. 591).
Hasta aquí se atreven, pero tendríamos que empujar un poco más allá con las utopías, si el Libertador Simón Bolívar en su momento concluyó que la independencia de Venezuela estaba íntimamente ligada a la independencia del resto de Suramérica, aventuramos afirmar que hoy, no podrá haber ruptura de las relaciones de dominación centro periferia, de modo parcial, aun progresiva, esta ruptura no puede permitirse dejar rastros de ese modelo, so pena de tan solo sustituir o modificar el polo magnético de ese centro, y en todo ello Latinoamérica tiene un papel decisivo que jugar; por su extensión, por sus inmensas reservas de materia prima, por ser fuente abundante de agua, por su gigantesca Amazonía, y porque aun acercada al resto del mundo por las nuevas tecnologías, llega al último a una lucha desigual con todo ello a cuesta.
Referencias
(1) Castellanos María Egilda, Educación para la descolonización y descolonialidad, https://plafordouptamca.blogspot.com/2018/06/ponencia-de-la-dra-maria-egilda.html. Consultada el 27-09-2018.
(2)  Bautista Juan José, El fetichismo de la política consiste en concebir al poder como objeto, Revista Resumen Latinoamericano, abril 2018,  http://www.resumenlatinoamericano.org/2018/04/04/entrevista-al-filosofo-boliviano-juan-jose-bautista-el-fetichismo-de-la-politica-consiste-en-concebir-al-poder-como-objeto/. Consultada el 27-09-2018.
(3)  Quijano Aníbal y Wallerstein Immanuel, La americanidad como concepto, o América en el moderno sistema mundial, Revista Internacional de Ciencias Sociales, diciembre de 1992. Unesco.
(4)  Martí José, Nuestra América. http://bdigital.bnjm.cu/docs/libros/PROCE11914/Nuestra%20America.pdf. Consultada el 27-09-2018.
(5)  Ernesto Guevara, discurso ante la Organización de Naciones Unidas, 1964. https://es.wikisource.org/wiki/Discurso_en_la_ONU,_11_de_diciembre_de_1964. Consultada el 27-09-2018.
(6)  Subcomandante Marcos, 7 Piezas Sueltas Del Rompecabezas Mundial. Libros Tauro. S/F.
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