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Cuando una persona anda muy muy arrecha....

Por José Roberto Duque

Cuando una persona anda muy muy arrecha, por hambre o por lo que sea, es común que reaccione con la desesperación y la ceguera que le dicta su rabia: cayéndole a coñazos a una pared, a otra persona, mordiéndose los nudillos o destruyendo los corotos de la casa, por ejemplo. Con el pueblo o con los pueblos pasa igual.
Decir que es mentira que el pueblo está pasando hambre porque en vez de saquear comida saqueó televisores es volver a repetir la plasta de mierda de discurso con que quiso defenderse el gobierno de CAP (y criminalizarnos a los pobres) durante el Caracazo: "es vandalismo, no es hambre", dijeron, y bien ingenuo el que creyó que diciendo eso se está defendiendo al gobierno. Que si llamamos ladrona a nuestra gente entonces la gente va a decir "Ay, verdad, qué malo soy, destruí el comercio del hermoso coñoemadre que en enero vendía camas a 50 mil y ahora me las vende a 300 mil; perdona papi, las camas no se comen". Hay que dejar de andar repitiendo fórmulas que nos ponen de espaldas a nuestra gente pobre, que SÍ ESTÁ PASANDO RONCHA, y sí tiene legítimo derecho a despedazar vidrieras y llevarse el aguardiente, la ropa y los carros que le dé su gana.

Lo último o lo peor que puede pasarnos a los revolucionarios es ponernos, a estas alturas, a defender la propiedad. ¿Se nos está olvidando que una de nuestras tareas históricas es ir liquidando esa perversión? Sí, eso hay que hacerlo planificadamente, pero si la multitud en avalancha decidió que hay que intentarlo a los coñazos y en un día, pues o nos unimos a ella o nos apartamos, pero no vamos a andar defendiendo comercios ni comerciantes, ¿cierto? ¿CIERTO?

Lo que hay que detectar urgentemente es hasta dónde las rabias del pueblo se ensañan contra el comercio y los comerciantes (a quienes DE BOLAS que hay que saquear), y en qué punto del caos entran en acción los hijos de la gran puta que quieren desviar estas rabias hacia el objetivo de la plaga proempresarial, que es la desestabilización extrema y el derrocamiento de un gobierno. ¿Saquearon una venta de pantaletas? Pues bien saqueada está esa mierda. Ahora, ¿vamos a permitir que los dueños de las pantaletas y los televisores y los licores y las mercancías suntuarias se nos vendan como los dueños de los ímpetus del pueblo? Aquí empieza nuestra tarea: si en 1989 comenzó la apoteosis de la destrucción del capital a manos del pueblo enfurecido, en 2016 tenemos que ver cómo la completamos. ¿Cómo se hace eso? Digan ustedes. Las revoluciones son una hechura colectiva en la construcción de lo nuevo y también en la destrucción de lo decadente.

En síntesis: este momento de la historia es el propio, el decisivo, para ver quién (¡al fin!) conoce la diferencia entre una rebelión contra los comerciantes y acaparadores, y una jugadita coñoemadre para tratar de entregarle el poder a las mafias empresariales y a Estados Unidos.

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#LaVozDeGuaicaipuro